Fundamentos del entrenamiento

Cómo reducir la grasa corporal: 8 estrategias sostenibles

Ocho estrategias sostenibles para reducir la grasa corporal combinando alimentación, actividad, fuerza, sueño y un seguimiento útil del progreso.

Una mancuerna negra, unas zapatillas de correr oscuras, una botella de agua, avena con frutos rojos y una cinta métrica azul sobre una superficie de color carbón

Reducir la grasa corporal no exige una bebida detox, un plan de entrenamiento agotador ni una lista de alimentos prohibidos. Para los adultos que, en general, gozan de buena salud, la base práctica es mantener un déficit energético en el tiempo con el apoyo de hábitos de alimentación y actividad que encajen en la vida cotidiana. La respuesta varía de una persona a otra, así que no existe un objetivo calórico universal ni un plazo garantizado.

La guía de los CDC sobre el peso saludable y la guía del NIDDK sobre alimentación y actividad física reúnen la alimentación nutritiva, el movimiento regular, el sueño, los objetivos realistas y la revisión del progreso dentro de un mismo enfoque que se pueda mantener. Las ocho estrategias siguientes convierten ese marco en decisiones prácticas sin presentar ningún hábito como un atajo.

1. Crea un déficit energético manejable

El peso corporal suele tender a bajar cuando la ingesta de energía se mantiene por debajo del gasto energético con el paso del tiempo. Tanto la explicación de los CDC sobre el equilibrio energético como la guía del NIDDK describen la reducción de la ingesta procedente de alimentos y bebidas junto con la actividad regular como el mecanismo básico. Eso no significa comer lo menos posible.

Un déficit útil se consigue mediante decisiones que puedas repetir, no con un cambio extremo. Empieza por buscar uno o dos ajustes que encajen en tu rutina actual, por ejemplo:

  • sustituir algunas bebidas azucaradas por agua;
  • añadir verduras a las comidas que ya consumes;
  • revisar las porciones, las salsas, los tentempiés y lo que añades a las bebidas en lugar de prohibir todo un grupo de alimentos;
  • elegir comidas que puedas preparar con regularidad en vez de depender de un menú corto y rígido.

Estos cambios pretenden hacer más manejable la ingesta total. No son reglas que todo el mundo deba seguir y ninguno garantiza un resultado concreto ni un ritmo determinado de pérdida de peso.

2. Prepara comidas variadas, no una lista de alimentos prohibidos

La calidad de los alimentos y la ingesta total son cuestiones distintas, y ambas merecen atención. El NIDDK describe un patrón de alimentación sostenible que incluye verduras, fruta, cereales integrales, distintas fuentes de proteína y cantidades adecuadas de grasas insaturadas mientras se reduce la ingesta calórica.

Puedes usar estos grupos como una guía flexible para componer una comida:

  • una fuente de proteína, como huevos, yogur, pescado, pollo, frijoles o lentejas;
  • verduras, fruta o un cereal integral, como avena o pan integral;
  • una fuente de grasa insaturada, como aceite de oliva, aguacate o frutos secos, en una cantidad que encaje en la comida.

Es un patrón, no una pauta de macronutrientes. Los alimentos ricos en proteína y fibra pueden formar parte de comidas equilibradas, pero ningún alimento quema grasa por sí solo y no es necesario declarar ningún grupo de alimentos prohibido para siempre. Un plan de alimentación resulta más útil cuando ofrece suficiente flexibilidad para repetirlo.

3. Incluye actividad aeróbica en tu semana

Caminar, correr, montar en bicicleta, nadar y bailar son distintas formas de organizar la actividad aeróbica. Elige una opción que se adapte a tu capacidad actual, a tus posibilidades y a tus preferencias; después aumenta poco a poco en lugar de convertir la primera semana en la más dura.

Como referencia, las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para la población indican que los adultos deben realizar de 150 a 300 minutos de actividad aeróbica moderada o de 75 a 150 minutos de actividad intensa por semana. Los CDC también señalan al menos 150 minutos de actividad moderada como objetivo general de salud para los adultos.

Estas cifras son recomendaciones de salud pública, no un programa personalizado para perder grasa. Puedes repartir la actividad en varios periodos manejables durante la semana, pero la duración y la intensidad iniciales adecuadas dependen de lo que puedas hacer ahora. Si una sesión completa no te parece realista, empieza por un periodo más corto y progresa de forma gradual.

4. Mantén el fortalecimiento muscular en el plan

El ejercicio aeróbico no es el único tipo de actividad incluido en las recomendaciones de salud para adultos. La OMS recomienda fortalecer los principales grupos musculares al menos dos días por semana, mientras que los CDC incluyen dos días de entrenamiento de fuerza dentro de su objetivo general de actividad.

El trabajo de fuerza puede hacerse con movimientos de peso corporal, bandas de resistencia, mancuernas o máquinas. Si estás empezando, elige movimientos y una resistencia que puedas controlar, y aumenta la dificultad gradualmente desde tu capacidad actual. La recomendación semanal sigue siendo un objetivo para la población, no un programa completo adaptado a ti.

Si necesitas ayuda para convertir esos objetivos generales en días de entrenamiento y ejercicios, consulta la guía para crear un plan de entrenamiento que encaje en tu vida.

5. Añade movimiento fuera de los entrenamientos planificados

Una semana activa no se compone solo de sesiones en el gimnasio. Caminar en un trayecto corto, subir escaleras, desplazarte de forma activa, levantarte para hacer pausas de movimiento o caminar mientras hablas por teléfono contribuyen a la actividad semanal total. La OMS subraya que todo movimiento cuenta y los CDC incluyen los paseos cortos como ejemplo de un cambio concreto y realista.

Aprovecha las oportunidades que ya existen en tu día:

  • recorre a pie parte de un trayecto cuando sea práctico;
  • usa las escaleras cuando te convenga;
  • interrumpe los periodos largos en los que estás sentado con breves momentos de movimiento;
  • da un paseo corto después de una comida o durante una llamada.

Estas decisiones pueden complementar la actividad aeróbica y de fuerza planificada. No significan que el movimiento cotidiano deba sustituir todo el ejercicio estructurado.

6. Considera el sueño regular parte del plan

Dormir no es una técnica para quemar grasa. Es un componente de una rutina saludable de control del peso, junto con los hábitos de alimentación y la actividad. Los CDC incluyen dormir lo suficiente en su marco para una pérdida de peso sostenible, y un sueño regular puede facilitar el mantenimiento de los hábitos de alimentación y movimiento que has planificado.

En lugar de buscar una rutina perfecta, reserva de forma regular la oportunidad de dormir. Observa si los cambios en la hora de acostarte, los compromisos que terminan tarde o un horario irregular interfieren repetidamente con los hábitos que has previsto. Así, el sueño conserva su función adecuada: un apoyo práctico para mantener el plan, no una promesa de pérdida directa de grasa.

7. Ten en cuenta las calorías de las bebidas y los añadidos

Las bebidas azucaradas, los jarabes para el café, la crema y otros añadidos similares contribuyen a la ingesta total de energía. Tanto los CDC como el NIDDK incluyen las bebidas cuando hablan de reducir la ingesta calórica, y los CDC ponen el agua en lugar de las bebidas azucaradas como ejemplo práctico.

No es necesario prohibir todas las bebidas que contienen calorías. Fíjate en lo que bebes habitualmente y decide si reemplazar algunas opciones azucaradas por agua sería un cambio manejable. El té o el café también pueden aportar energía adicional cuando se les añade azúcar, crema o jarabe.

Ningún agua desintoxicante ni bebida «quemagrasas» sustituye un patrón de alimentación equilibrado y la actividad física regular. Considera las bebidas una parte de la ingesta total, no una solución independiente.

8. Evalúa el progreso por las tendencias, no por una sola medición

El peso que muestra la báscula puede cambiar de un día a otro, así que una sola lectura no indica la dirección del progreso. Un estudio de mediciones estandarizadas a largo plazo documentó la variabilidad diaria habitual de la masa corporal. Como el estudio siguió a una sola persona, sus valores exactos no deben aplicarse a todo el mundo, pero ilustra por qué una medición aislada necesita contexto.

Si usas una báscula, compara mediciones tomadas en condiciones similares y céntrate en la tendencia en lugar de reaccionar ante cada cambio. Los CDC y el NIDDK también respaldan la definición de objetivos concretos y realistas y la revisión del progreso a lo largo del tiempo.

Otras comprobaciones que puedas repetir pueden aportar contexto:

  • las sesiones de actividad y fuerza que has completado;
  • los hábitos de alimentación y sueño que querías practicar;
  • el avance hacia los objetivos concretos y realistas que has establecido.

El seguimiento es útil cuando te ayuda a tomar una decisión meditada. Resulta menos útil cuando una sola lectura de la báscula te lleva a abandonar un plan que apenas has tenido ocasión de seguir.

Errores habituales que conviene evitar

La mayoría de los errores propios de las soluciones rápidas desvían la atención de los mismos fundamentos. Presta atención a estas pautas:

  • intentar crear el mayor déficit posible con una dieta extrema;
  • prohibir un alimento o grupo de alimentos en lugar de mejorar el patrón general;
  • tratar los objetivos de actividad física para la población como una prescripción de entrenamiento personalizada;
  • confiar en los entrenamientos planificados sin tener en cuenta el movimiento cotidiano;
  • esperar que el sueño, una bebida o un solo alimento quemen grasa por sí solos;
  • cambiar todo el plan por una única lectura de la báscula;
  • esperar una cantidad garantizada de cambio para una fecha fija.

Un enfoque más constante consiste en elegir unas pocas acciones que puedas repetir, revisar los datos de tus propios hábitos y progreso, y hacer ajustes sin convertir cada fluctuación en un veredicto.

Reconoce cuándo la orientación general no es suficiente

Este artículo ofrece información general para adultos que, en general, gozan de buena salud; no es una prescripción médica, nutricional ni de ejercicio individual. No aborda las necesidades relacionadas con el embarazo, el posparto, la lactancia o la fertilidad; el control del peso en menores; las enfermedades crónicas; los medicamentos o suplementos; los trastornos de la conducta alimentaria o la alimentación desordenada; el dolor, los síntomas, las lesiones o la rehabilitación; ni las necesidades dietéticas especializadas. Si alguna de estas circunstancias se aplica a ti, consulta a un médico, dietista-nutricionista u otro profesional sanitario pertinente y debidamente cualificado antes de iniciar un plan para perder peso.

Dentro de ese alcance informativo general, las ocho estrategias funcionan mejor como un marco conectado: gestiona la ingesta total sin restricciones extremas, prepara comidas variadas, combina actividad aeróbica y de fuerza, muévete durante el día, reserva tiempo para dormir con regularidad, ten en cuenta las calorías de las bebidas y revisa las tendencias. Empieza por los cambios que encajen en tu vida lo bastante bien como para poder repetirlos.

Fuentes

  1. Actividad física, peso y saludCentros para el Control y la Prevención de Enfermedades
  2. Pasos para perder pesoCentros para el Control y la Prevención de Enfermedades
  3. Alimentación y actividad física para perder o mantener pesoInstituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales
  4. Actividad físicaOrganización Mundial de la Salud
  5. Variabilidad diaria de la masa corporal en condiciones de euvolemiaTaylor & Francis
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